Aún le queda fuerza a este invierno. La mayor nevada de la temporada ha sido este fin de semana (en mi zona al menos). Comenzó el viernes y el sábado contemplé con sorpresa cúmulos de más de un metro en algunas zonas gracias a una ventisca rabiosa que mordía y empujaba con saña.
Mis pobres plantas bajo la nieve otra vez. Espero que sobrevivan. El único que aguanta el tipo con estilo es un
acebo que planté hace unos meses. Es pequeño aún, pasa apenas de mi rodilla, pero está verde y flamante, con sus hojas espinosas, orgullosas, disfrutando del frío. Cada mañana nos saludamos, me hace un guiño con su única bolita roja (es chica!), como diciéndome “Hey!”. Le devuelvo el guiño y me quedo contento de ver que está a gusto. El sábado estaba sumergido (sumergida) bajo ese metro de nieve.
No había mucho que pudiera hacer. Esperar. La temperatura estaba subiendo y con suerte la nieve se derretirá..
El domingo me preparo para mi singular enfrentamiento con la naturaleza, armado con una simple pala: despejar la nieve de la entrada para poder sacar el coche el lunes… Es como un entrenamiento personal, trabajas hombros, espalda, bíceps, abdomen, muy completito vamos.
Lo primero que veo al salir es mi acebo, mi pobre acebo con dos de sus tres ramas tronchadas por la nieve. Mierda.
No sé si sobrevivirá, es tan pequeñín. Me acerco corriendo susurrando entre dientes “mierda, mierda, mierda”
Solo asoma la rama principal, las otras están enterradas, empiezo a retirar la nieve, con cuidado, con mimo, leñes cuanta nieve. Al final pegadas al suelo pero sin haberse roto, las dos ramas se enderezan lentamente. Qué alegría! No le ha pasado nada!, increíble. Ha hecho un ejercicio de flexión imposible, pero está entero (entera). La bolita roja me guiña una vez más. “HEY!”
Me quedo de rodillas en la nieve pensando en el maestro Bruce Lee, “Se agua”, dice. La teoría la entiendo, la puesta en práctica me cuesta.
Pero ahora tengo mi propia lección, más asequible a mi modesto nivel: “Se acebo”, a esto sí llego. Te podrá caer media tonelada de nieve encima (o de cualquier otra cosa...) pero “se acebo”, se flexible, alguna mano amiga vendrá y volverás a enderezarte.
Me gusta mi acebo, ahora más todavía.